02 May

EJEMPLO DE EMPRENDIMIENTO

HISTORIA DE BARRANCO

Se conoce el lugar exactamente y hasta el siglo, de la fundación de Barranco pero se ignora el año del acontecimiento, y también los nombres de los testigos. Sin embargo todo ello es explicable porque Barranco se debe a la tradición. Y la tradición, muchas veces, es la historia no escrita.

A decir de Juan de Arona, el autor de la primera fuente escrita que relata el acontecimiento  del origen de Barranco, podría concluirse que más bien se trató de un “milagro”.

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“Hasta mediados del siglo pasado, los indios de Surco salían a pescar por el Barranco, que era un mero campo más o menos cultivado…En una de las noches en que los indios pescadores de tierra adentro avanzaban como de costumbre por el filo del barranco, próximos ya al precipicio de la bajada a la playa, distinguieron en el suelo una lucecita que se iba y se venía.

Por varias noches se repetía el fulgor. Los indios aterrorizados, comenzaron a creer en el carbunclo, que conforme a una tradición muy válida en los días del coloniaje, era un animal cuyos ojos alumbraban de noche… Supusieron después que se trataba de un palenque de malhechores; y para no ser víctimas de un malón, resolvieron tomar la ofensiva. Al efecto descendieron una noche armados de palos, y dando sobre la luz, comenzaron a sacudirle el polvo, al suelo.

Al primer golpe había desaparecido la luz material.

pero un claror espiritual les advertía que estaban perpetrando un horrendo sacrilegio. La causa emisora de la luz era un gran Crucificado, que allí, en el suelo, en la tierra suelta e inclinada del barranco, apareció trazado con bastante perfección. Los indios se quitaron los sombreros, depusieron los palos, cayeron por tierra, sepultaron la frente en el polvo; y de rodillas los unos, bocabajo los más, pasaron lo que quedaba de la noche lanzando sombríos ululatos.

De vuelta a Surco a la mañana siguiente, narraron el prodigio y la gente acudió en masa a ver por sus ojos, y si tal cual no veía desprenderse íntegro el Crucificado, lo atribuía naturalmente a las mutilaciones ocasionadas por los sacrílegos palos. La romería quedó establecida…los fieles depositaban allí, como podían, sus ofrendas, sus presentallas, sus ex votos, sus ramitos de albahaca y romero”.

 Años después, en 1901, el presbítero Manuel de la Fuente Chávez, último capellán de la Ermita y primer párroco de Barranco, refirió el acontecimiento de tal manera que se podría concluir que el hecho ocurrió en el lugar donde se levantó la primera iglesia parroquial de Barranco; la fecha, “según se cree’, fue “a mediados del siglo XVIII”; los testigos, “unos pescadores” que eran “indios de Surco”; el protagonista central, modestamente, Dios.

Convendría, sin embargo, puntualizar otros detalles. Los pescadores surcanos, para llegar a la playa tenían que cruzar el pacayar que posteriormente se llamó el pacayar de Larrión. El descenso al mar lo hacían por un sendero que coincide con la actual calle de Domeyer, bajada abrupta pero directa.

La “luz” o “lucecita”, la vieron consecuentemente hacia el sur, estando ellos en un punto más alto que el resplandor, y el Crucificado más bajo y oculto, de espaldas a los pescadores y mirando a la actual calle de Ayacucho.

El carbunclo, a su vez, era un animal mitológico que esbozaron los alquimistas medievales, resucitando su fama en la costa norteña del Perú, concretamente en Chicama. Su nombre derivaba del latín carbunculus, esto es, rubí, porque se suponía que el animal lucía en la oscuridad como un carbón encendido.

Otra versión habla de una presunta “reunión de malhechores”, de un “palenque”, lo que se referiría a un reducto de negros cimarrones prontos a delinquir, de allí la reacción de los indios, ancestrales adversarios de los africanos. Temerían a un “malón”, en este caso a un caudillo guineo jefe de salteadores, y no querían que sentara sus reales en aquella región que siempre había sido de los indígenas y era, a diario, el camino de su trabajo.

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